Mi voluntariado es una promesa que hice al nacer mi hija

Me llamo Araceli y soy maestra. Cuando nació mi hija Mar sólo pesó 900 gramos. En el momento de tenerla prometí que, en un futuro aproximado de 4 años, realizaría alguna actividad de voluntariado. Ahora es una niña sana y fuerte. Recientemente he vuelto de mi voluntariado solidario de Vietnam con Cooperatour, una experiencia muy satisfactoria.

Hace unos meses decidí hacer un voluntariado en Ho Chi Minh. En el programa puedes asistir a tres orfanatos y una residencia de gente sin hogar. En ellos se pueden desarrollar actividades para garantizar un mejor desarrollo humanitario a nivel individual, grupal y social. Pero no fue solo eso. Aunque ya lo esperaba, además de todo el trabajo que se hizo encontré a personas agradables y maravillosas y niños muy afectuosos, que superaron todas mis expectativas.

Con un voluntariado en Vietnam, un granito de arena puede convertirse en una playa entera.

Cuando llegué a mi lugar de destino se mezclaba una sensación de alegría y emoción. Por eso cada día me levantaba con una sonrisa, para después coger un medio de transporte y llegar al orfanato. Me sorprendió que, durante el trayecto, podías observar a la gente con media cara tapada, debido a la contaminación ambiental.

Una vez en el orfanato del voluntariado en Vietnam, los niños nos esperaban entusiasmados. Allí jugábamos con ellos y les dábamos cariño y afecto. Thoung y Julia eran las encargadas de orientarme en el proyecto y dejarme aportar un granito de arena que, espero, se convierta en una playa, gracias a la cooperación de más voluntarios.

Por la tarde nos alojábamos en la casa del voluntariado y nos preparaban comida Vietnamita. Por la noche salíamos a tomar algún refresco y los fines de semana hicimos excursiones a Mune y al Delta Mecon, donde pudimos disfrutar del paisaje y la comida tradicional. He descubierto sitios mágicos impregnados de historia y tradición.

Lo más fascinante, las contradicciones

Recuerdo los orfanatos como casas viejas, pero al mismo tiempo esos lugares eran parecidos a templos antiguos. Tenían muchos objetos y espacios religiosos, donde veías a la gente rezar antes de entrar. Antes de llegar vives el tráfico como algo impresionante. Toda la gente va con la cara tapada y todo parece caótico. Pero a la vez, la gente tiene mucha paz y alegría dentro. Recuerdo que, en una  excursión al mar, observé las olas durante un tiempo. Eran como pensamientos viajeros de toda la gente que vive y ha vivido allí; cada piedra y cada concha del mar evocaban algo distinto. Sólo puedo dar las gracias por esta experiencia de voluntariado solidario en Vietnam y esperar para poder volver a repetirla.

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