Viajar y ayudar, el doble de satisfacción

Hace unos años se realizó un estudio por parte de la Intelligence Squared Asia en el que se preguntaba a una audiencia de diferentes edades y estratos sociales si “El dinero  puede comprar felicidad”. La audiencia se dividió casi de forma igualitaria: el 49% dijo que sí y el 49% dijo que no,  frente a un 2% indeciso.

Sin embargo cuando se trata de viajar, hay una premisa ganadora muy obvia: viajar nos hace a todos felices. Pero para viajar, de todos modos, se necesita dinero, piensa la mayoría. No obstante viajar no es una cuestión tanto de dinero como de organización, estilo de vida y priorización de intereses.

En la actual “Dream Society” en la que vivimos se ha creado el concepto de los viajes sostenible y respetuoso.  Al contrario de la adquisición de productos de turismo masivo, la creación de felicidad a través de viajes atractivos nunca se basa en el conocimiento de cada detalle por adelantado  ni en adquirir las experiencias más lujosas.

La verdadera felicidad de viajar es experimentar y compartir.

Eso nos lleva a dar un paso más allá: si viajar es conocer y ser consecuentes con el entorno, la completa felicidad de un viaje se puede conseguir realizando un viaje solidario.

El turismo masivo e industrial son actividades económicas que a menudo dejan a las poblaciones locales excluidas de la creación de riquezas y, por su propia naturaleza, degradan las regiones en las que operan, al tiempo que crean importantes desequilibrios sociales y ambientales.

Sin embargo viajar de otra forma, conociendo a las personas locales, asegurándonos de que nuestro dinero se invierte en la mejora de la región y las personas que visitamos, estaremos haciendo algo que va mucho más que viajar: estaremos viviendo una experiencia plena gracias al turismo solidario.

El turismo solidario

El turismo solidario está  basado en el desarrollo de una red de trabajo como forma alternativa de turismo, respetuosa con los entornos y las poblaciones locales. Este  tipo de turismo valora la autenticidad de la bienvenida, así como los intercambios entre las comunidades de acogida y el visitante.

Todas las personas que han podido experimentar esta forma de viajar han coincidido: abrirse a nuevas culturas, poder aportar algo de nosotros para que otros mejoren y llevarnos un recuerdo extraordinario de unas vacaciones bien invertidas generan una felicidad inimaginable. Se trata de viajar sintiéndonos plenos y satisfechos por cómo hemos gestionado tanto nuestro tiempo libre como nuestro dinero.

Y es que viajar y compartir, hacer felices a otros, genera en el ser humano una serie de endorfinas difíciles de sacar con cualquier otra actividad.

Experimentar un viaje solidario es vivir una experiencia auténtica, una aventura humana, un viaje de aprendizaje, de descubrimiento, de encuentros y de respeto mutuo entre el viajero y el habitante local. Este turismo alternativo ofrece, además, el  acceso a regiones inexploradas que no han sido tocadas por la industrialización, regiones que han conservado sus culturas y entornos únicos.

De esta forma, la persona que apuesta por este tipo de viaje descubre la realidad de un país y de un lugar creando una relación sana e igualitaria con los habitantes locales, llevándose, además la verdadera felicidad a casa.

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